RECONOCER PALENCIA II – ‘Equilibrio’

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La fuerza atrayente e hipnótica que ejerce la montaña sobre las personas es innegable. La imagen portentosa de una montaña vista en vivo y en directo queda guardada en la memoria, no sólo de las personas montañeras. De ahí que la espectacularidad de este paisaje atraiga a miles de turistas cada año dispuestos a disfrutar del entorno deleitándose con la vista y oxigenando el alma.

El Parque Natural Montaña Palentina, es una verdadera joya que merece la pena proteger y cuidar. Pero debemos encontrar un equilibrio en el que lograr por un lado que este territorio tenga un presente laboral para las personas que lo habitan, y el mantener la naturaleza y el entorno, cuando menos, como lo encontramos hoy en día. Tenemos una gran ventaja frente a otras zonas de montaña que han llegado a ser sobreexplotadas, y es que estamos a tiempo de hacer las cosas mejor y podemos aprender de los errores que se han cometido.

Y por otro lado, precisamente por no haber alcanzado esos índices de sobreexplotación turística, tenemos la fortuna de que a nuestra querida Montaña Palentina se la considera un refugio emocional contra el estrés. Aunque aquí no haya tantos negocios hosteleros como fuera deseable, en cuanto a la calidad del servicio se refiere, nada tiene que envidiar a otras zonas más turísticas del país.

La foto está tomada desde el mirador de Piedrasluengas en La Pernía, pero no hacia las propias vistas del mirador, uno de los más bonitos de España, sino de espaldas, hacia Peña Abismo (1.735 metros). Siempre que vengo a este mirador me imagino una caravana vendiendo caldos y bebidas calientes, como se puede encontrar en zonas de montaña del norte de Europa, o no tan al norte. Me lo imagino y deseo que algún día llegue a ser realidad. A lo mejor no necesitamos hoteles de 20 plantas, pero sí apostar por pequeños negocios familiares que supongan ese equilibrio soñado entre el respeto al medio ambiente, y el impulso económico de la zona.

Ahí está Piedrasluengas como prueba, un pueblecito que en la lejanía parece sacado de una postal navideña, pero que apenas cuenta con 8 habitantes censados, y que viven una realidad que nada tiene que ver con la de una postal idílica. 

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