Marta Sanz, escritora: «No es que el capitalismo esté en crisis, es que el capitalismo es la crisis misma»

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La escritora Marta Sanz presenta su nuevo libro Clavícula en la Librería Café Ateneo el 8 de
mayo a las 20:00 horas, donde se celebrará, aprovechando su visita, una sesión especial del Club de Lectura de la UPP

Sanz es una de las escritoras más destacadas del momento, con importantes reconocimientos como el Premio Herralde de novela (2015), el Ojo
Crítico de Narrativa (2001) o el IX Vargas Llosa de relatos. Fue finalista del Nadal en 2006.

Nos han dado el chivatazo: venía a presentar Clavícula a la Feria del Libro de Valladolid y ha decidido acercarse a Palencia para participar, por sexta vez, en el Club de
Lectura de la UPP y presentar su libro en Ateneo. ¿Por qué le gusta tanto venir?

Porque descubrí Palencia tarde, pero, sobre todo, porque las lectoras y los lectores palentinos me hacen sentir como en mi casa. Son hospitalarios y participativos. Porque en Palencia ya siento que, más que lectores, tengo también amigos: los profesores y alumnos de la UPP, Concha, Manuel, Tomás, Jacobo el librero de Ateneo, etc. etc…

En la UPP la quieren con locura: les gusta leerla pero, sobre todo, charlar con usted. ¿Es recíproco?

Yo aprendo mucho, en general, de mis encuentros con las personas que leen mis libros. Son una toma de tierra. Una brújula para orientarme en el proceso creativo y medir hasta
qué punto me equivoco o hasta qué punto acierto. Por otra parte, también es muy satisfactorio poder explicarles a los lectores algunas decisiones literarias que les han generado inquietud.

El encuentro, la conversación, siempre son estimulantes y en el caso de la UPP más, porque me consta que la profesora no se queda en la parte superficial de los textos, sino que sabe entrar en la médula de los mismos.

Cuando un autor se enfrenta a las reflexiones de sus lectores como lo hace aquí, cara a cara (y taza de café en mano) ¿Qué recibe?

Recibe atención en una sociedad en la que cada vez resulta más raro que nos escuchemos. La escritora en este caso siente el privilegio de formar parte de una comunidad de lectores que experimentan de una manera vívida del proceso de lectura. Recibe cariño y se genera
una corriente de empatía, incluso en el desacuerdo, muy, muy importante.

Por aquí, por el Club de Lectura, definen su literatura como “muy moderna”. ¿Qué es ser moderno en literatura? ¿Tiene que ver con su compromiso político? ¿Con su
visión de la realidad? 

Tiene que ver con una visión del texto literario en la que la manera de decir es lo que se está diciendo. Con una visión intrépida de la escritura que pide al lector una actitud también intrépida, poco acomodaticia, curiosa, activa…

Creo que yo, como escritora, me comprometo con la realidad en la que me ha tocado vivir por los temas que me gusta iluminar en mis textos, pero también y muy especialmente porque me aproximo sin escepticismo a la lengua literaria, es decir, para mí la literatura es un modo de intentar arañar el conocimiento e incuso ciertas formas de la verdad.

En Clavícula se “abre en canal para representar a las víctimas del capitalismo avanzado”. Habla del cuerpo femenino y de la ansiedad como patología de esa sociedad capitalista. ¿En qué medida el entorno condiciona nuestra relación con el cuerpo, ese elemento orgánico que habitamos como si fuera extraño?

El cuerpo es el texto donde se queda impresa la vida que cada uno lleva. En una sociedad
como la nuestra es el lugar donde cristaliza la ansiedad y donde se somatizan las presiones
laborales, los miedos a una vejez abandonada y precaria dentro de un sistema cuyo horizonte es cada vez más negro. Porque me da la impresión de que no es que el
capitalismo esté en crisis, es que el capitalismo es la crisis misma.

Vivimos en una sociedad muy individualista, donde atendemos a menudo de manera hipocondriaca a los ruidos interiores de nuestro organismo o la perfección cosmética de nuestra apariencia, nos ensimismamos, estamos enfermos y, en cierta medida, cada uno de nosotros es el reflejo de un mundo que está colectivamente enfermo, pero que juega a ser positivo y resiliente para encubrir sus dolores.

Yo lo que propongo en Clavícula a través de la narración de una experiencia personal, a través de la lamentación cómica, a través de la construcción de una poética de la fragilidad, es reivindicar el derecho que todos tenemos de quejarnos y la necesidad de colocar en primer plano la fraternidad, los cuidados, nuestras historias de amor pequeñas y grandes.

¿Cuándo dejará “la mujer” (y sus injusticias cotidianas y arraigadas) de ser objeto de debate? ¿Es eso posible? 

No, no es posible. Ni debe serlo, porque las mujeres seguimos siendo socialmente mucho más vulnerables. Somos las primeras víctimas de la precariedad y de la pobreza. Sufrimos más el paro, la brecha salarial, las violencias económicas y culturales, el peso de una historia injusta. Y todo ello se concreta también en la violencia contra nuestro cuerpo y
nuestro sexo.

Respecto al asunto del dolor y de las enfermedades femeninas, las mujeres también tenemos aún muchas historias que contar: porque tenemos que ser cuidadoras y resignadas, sufrir en silencio las hemorroides, parir sin aspavientos, y a la vez
se nos acusa de ser princesas guisante, delicadas florecillas, individuos quejicosos… ¿En qué quedamos?

Lo más dramático es que existen enfermedades femeninas que tardan mucho en ser
diagnosticadas y, mientras ese momento llega, se dice que las mujeres estamos histéricas. Y se nos recetan pastillas para la ansiedad.

 

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