Tierra de Campos es un libro cercano. Cercano en el espacio, pues la comarca castellana da título a la última novela de David Trueba (Anagrama). Pero también cercana en el relato y los personajes porque, al fin y al cabo, de lo que trata es de la propia vida, enfocada a través de los recuerdos que Dani Mosca, músico de “la movida madrileña”, evoca en su viaje en coche fúnebre desde Madrid hasta el pueblo donde va a enterrar a su padre.

¿Cómo se inspiró esta historia? ¿Con un viaje? ¿O con sus propios recuerdos?

La inspiración no existe. A partir de elementos de la memoria o de la experiencia, vas tejiendo una red de ficción para sostener los personajes, lo que quieres contar y, por tanto, la historia surge de una fricción entre todos los materiales que están en tu cabeza, más que como un rapto o una llegada mágica de la idea.

La figura del padre representa muchos valores del medio rural castellano: su rechazo a la modernidad, combinado con su sencillez y cálida humanidad… ¿Ese poso nos marca, como a Dani Mosca?

Sí, es una enorme contradicción que sería bueno que de alguna manera las generaciones futuras pudieran condensar y aplicar creando un espacio nuevo, distinto al mundo cínico y aprovechado que imponen las modas contemporáneas, apelando a los valores de modernidad y desarrollo sin dejar de perder de vista los elementos de humildad, esfuerzo y personalidad propia.

Con gran sentido del humor, caricaturiza algunos personajes y costumbres: el alcalde y su esposa, la fiesta con chorizada; la reacción ante el famoso… ¿Siente miedo cuando le invitan a un pueblo?

Sí, siento pavor, sobre todo porque no me gustan los honores, creo que no los merezco y que en general que te hagan hijo predilecto o te den un premio forma parte de una domesticación de tu personalidad, de tu libre albedrío. En mis novelas no suele haber homenajes ni lírica sin un aspaviento también de verdad, de sinceridad, de mostrar que cada elemento positivo también tiene un reverso. Odio lo previsible y a veces uno acaba por someterse a los ritos ajenos por miedo a ser rechazado, pero es importante resistir a las tentaciones, sobre todo a la de creerte alguien más importante de lo que eres.

Cuando a Dani Mosca le preguntan si los pueblos de Tierra de Campos tienen futuro, él hubiera deseado responder “el pasado es lo único que tiene futuro”. ¡Una frase para reflexionar largo rato!

En el momento en que Tierra de Campos renuncie del todo a lo que es, paz, tranquilidad, espacio para la humildad, para el esfuerzo, perderá lo que posee. Es duro, pero es así.

¿Dani Mosca es primo de Daniel el Mochuelo? (El Camino, Delibes). Los viajes espirituales de ambos, del pueblo a la ciudad y viceversa, tienen tanto en común…

No, no tiene parentesco con ese personaje de Delibes, ni tampoco con el conde Mosca de Stendhal, pero si nos referimos al autor, creo que en libros suyos se encuentran muchos elementos comunes que me apasionan, como el enfrentamiento entre cinismo e inocencia, las contradicciones del progreso y un agudo placer por observar más que por pontificar.

Tras una carrera exitosa, Dani Mosca lucha por labrar su parcela musical “al imponerse la tremenda concentración de los grandes latifundistas de la Red”. En este mundo imperado por los mercados, ¿cada vez hay más pequeños labradores en peligro?

Sí, nunca podíamos imaginar que la desigualdad, el regreso de la explotación laboral de las personas iba a ser la gran preocupación de la Europa del siglo XXI, pero aquí está, hemos llegado a ese temor al ver que los nuevos espacios comerciales están dominados por cuatro o cinco grandes marcas que nos controlan, nos poseen y nos ofrecen meramente un trabajo de braceros digitales a su servicio. Falta pluralidad, leyes antimonopolio y recuperar la solidaridad entre los ciudadanos para preservar el pequeño negocio familiar.

¿Es también nuestra tierra un ejemplo de esa lucha contra gigantes?

Absoluto, cuando visito los pueblos de Tierra de Campos encuentro a quijotes luchando contra la corruptela, el caciquismo, cierto desánimo general y un desprecio casi absoluto por valores compartidos. Esa lucha para mí es la verdadera patria, el verdadero sentido de pertenencia. Querer que algo vaya hacia adelante sin prostituirlo y degradarlo.

No le preguntaré cuál es su mejor recuerdo de Tierra de Campos, no vaya a ser que me responda “cuando vi al alcalde sodomizar a una gallina” (frase literal del libro…)

Puedes preguntarme sin miedo, porque tengo muchos y algunos maravillosos como las conversaciones con alguno de mis tíos, gente humilde, sin lo que llamamos cultura académica, pero llenos de intuiciones y sabiduría. También, claro está, recuerdos de los otros, algunos protagonizados por experiencias sexuales delirantes y sacerdotes de película de terror. Supongo que los mismos que puede tener cualquiera que conozca la zona y la ame.

 

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