Carrión: la novela de Antonio Daganzo que nos inspira

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PaCO SE CUELA EN LA PRESENTACIÓN DE LA PRIMERA NOVELA DE ANTONIO DAGANZO, AMBIENTADA EN PALENCIA

Podíamos haber entrevistado a Antonio Daganzo, pero no nos atrevíamos. Como mediocres entrevistadores que somos, nos ruborizaba sentarnos ante el Premio Miguel Delibes 2017 para interpelarle por una primera novela que muchos lectores ya colocan en la estantería de sus obras magnas, sabiendo que no podríamos obviar su prestigio como poeta, con varios libros publicados, ni su vasta cultura como periodista y divulgador musical (con su aplaudido ensayo ‘‘Clásicos a contratiempo: la música clásica en la era «pop-rock’’). Íbamos a quedar fatal.

Se nos ocurrió una solución: esperar a que viniera a Palencia el 13 de febrero y sentarnos disimuladamente entre el público asistente al encuentro organizado por el Área de Educación de la UPP y la agitadora cultural Concha Lobejón -nunca suficientemente reconocida, por cierto-. Qué morro el nuestro… Y qué bonita experiencia.

Nada ocurre por casualidad, pensamos los soñadores, y por eso nos encantó que la escritora palentina Elda Hidalgo, anfitriona del acto, coincidiera con Antonio Daganzo en un evento en Madrid y descubriera por casualidad que la ilustración de la portada de su novela, titulada ‘‘Carrión’’, representaba el entorno de Puentecillas. «¡Soy de Palencia!», se apresuró a decir. «Con P», matizó él. Y conectaron, claro. Daganzo no tenía otro vínculo con nuestra ciudad que su inspiración, que se remontaba a su época de estudiante en la Complutense de Madrid, cuando una persona cercana a él le hablaba de esta tierra con nostalgia contagiosa.

Fue por aquel entonces, en torno al año 2000, cuando concibió y escribió esta historia. Libreta en mano, emprendió un viaje acelerado por la ciudad para empaparse de sus rincones y su carácter, que le serviría de marco para un novelón en el que rinde homenaje a los autores de finales del XIX y principios del XX, con los que creció como lector. Un «melodrama reinventado», según sus palabras, con intrigas de folletín, giros alegóricos y prodigiosa prosa que, sin embargo, se estructura en un lenguaje fluido que no lastra el texto. Como escenario, dos épocas y dos ciudades (Madrid, la gran urbe, y su contraria, la pequeña Palencia), y como protagonistas, unos personajes complejos, llenos de aristas, uno de ellos inspirado en Rosendo, el tío abuelo que Daganzo nunca conoció -falleció joven-, pero que fue poeta y artista como él.

«Han sido años de cordelería, de cabos atados y desatados», describe para referirse al proceso de escritura de un libro que ‘‘casi suena’’ de tanta influencia musical que tiene: la Zarzuela ambienta la trama de los años 50, con escenas en el salón de la pianola del Ideal Palentino, mientras que el ‘Gurrelieder’ de Arnold Shönberg (anterior al dodecafonismo) sirve de temperatura lírica para la trama contemporánea, ambientada a finales de los 90. «Melodrama deriva de la voz griega melos, música. Así que la novela está llena de música». Es, apunta, «una especie de ópera puesta en novela», a la que tampoco le faltan tintes cinematográficos.

El mismo amor que viven dos generaciones diferentes es el eje central de una historia que nos permite explorar una Palencia hermosa. «Siempre tienen que venir los de fuera a enseñarte cosas de tu ciudad», bromea Elda Hidalgo. Y Antonio Daganzo lo ha hecho tan bien, que ya podríamos considerarle «nuestro hijo adoptivo», sugiere Concha Lobejón. Y el autor corresponde: «para mí es un sueño cumplido presentar ‘Carrión’ en Palencia».

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