ENTREVISTAMOS A ADAL PUMARABÍN, EL MÚSICO TODOTERRENO QUE HA PUESTO RITMO EN LA ESCENA PALENTINA

La palabra “base” puede significar muchas cosas; entre ellas, fundamento, aquello sobre lo que se cimenta el resto. En música, la base está íntimamente ligada a la percusión, sobre la cual se apoya una melodía. Se dice que los instrumentos de percusión acaso sean la forma más antigua de instrumento musical, lo cual hace pensar de alguna manera en el origen.

Adal Pumarabín, percusionista tinerfeño radicado en Palencia, ha tomado las bases rítmicas como objeto de investigación musical y etnográfica, trayéndolas al presente en forma de numerosos proyectos.

En su amplia formación, Adal ha pasado por diferentes escuelas, bandas y músicos, siendo Eliseo Parra uno de los que menciona entre los que más le han influido: con él se formó «en el tema de los panderos cuadrados, panderetas, sartenes… Pero también encontrarse con un grupo en la calle y juntarte con ellos me parece una formación fundamental al margen de lo académico».

En tu caso, la investigación principal es la percusión a la que concedes un papel protagonista

Trato de que la percusión funcione no solo como base o acompañamiento sino como discurso. En mis proyectos, la percusión toma una papel tan principal como puede tenerlo la voz. Ponemos el ritmo como base o inicio para que funcionen los temas, y muchas veces creamos a partir de la percusión.

¿Cómo la llevas a cabo?

Primero, es importante conocer bien el género que haces. Si el ritmo es una jota, tienes que saber cuál es el toque de la jota, la base, la raíz. A partir de ahí, trato de conectarlo con ritmos que coincidan en el patrón, que yo conozco o que me interesan. Sobre todo, yo tengo en la cabeza lo afro: lo afrocubano, lo afroargentino, lo afroperuano… Lo que hago es buscar las relaciones que hay entre ellos. Es un ensayo-error que parte sobre todo la base real del patrón más tradicional y de ir combinando mezclas.

¿Cada proyecto en el que trabajas responde a un interés rítmico concreto?

Tengo proyectos más personales, como El Naán o Primitive Grooves, que están bastante diferenciados aunque me tengan a mí en común. Abarcan historias distintas. Por ejemplo, Primitive Grooves se dirige más a la fusión con el jazz, y El Naán va más hacia la fusión con ritmos étnicos.

Mi trabajo de fin de carrera es la consecuencia de todos los años trabajando en esa línea, y consistió en estudiar los ritmos de Castilla, sobre todo de Salamanca, que se tocan con el pandero cuadrado, y tratar de transcribirlos a un formato de batería étnica. Yo suelo modificar la batería metiéndole bombos cubanos, argentinos, cajas… De ahí sale toda esa mecánica para El Naán, Primitive Grooves, etcétera. Esa es la fórmula que yo he estado trabajando: traducir la manera de tocar un instrumento a otras sonoridades o tímbricas. Orquestarlo de manera que conserve la esencia tradicional pero que, a la vez, tenga la fuerza contemporánea.

Siempre buscamos una evolución y una experimentación, pero respetando siempre la raíz. Es el mismo mecanismo presente en el folclore o en la transmisión oral: estar en movimiento continuamente. Si está estancado, se muere.

A medida que investigas, ¿es cuando vas viendo en qué proyecto encaja mejor un ritmo u otro?

A veces pasa eso, sí. Verás, El Naán lo iniciamos Héctor, Carlos y yo. Antes formábamos parte de una compañía de teatro de calle llamada Alquimia 130, y hacíamos espectáculos con música en directo. Hace más de 12 año grabamos un disco llamado Alma Candela, que fue como el inicio de El Naán, en el que mezclábamos músicas del mundo. Con él llegamos al concepto en el que actualmente trabajamos, que es el de lo afroibérico: mezclar todo lo que tiene que ver con las músicas ibéricas y el afro. Y Primitive Grooves es un poco más actual porque yo empiezo a estudiar jazz y me interesa la improvisación presente en el lenguaje del jazz. Lo afroibérico conecta todos los proyectos. Yo me considero afroibérico.

La base es el mestizaje. Habréis encontrado muchísimas conexiones y raíces comunes

Por ejemplo, las jotas, que son ritmos ternarios, tienen una relación brutal con el mundo de argentina: el legüero, la chacarera, la samba argentina… Esos ritmos han mamado un lado afro que les hace estar en un sitio y en otro, pero la esencia está ahí. Con algunos ritmos peruanos ocurre parecido. Un mismo ritmo viaja por la inmigración por diferentes regiones, y el mismo patrón rítmico coincide en todo el viaje. Existe una cadena de ADN rítmico.

¿En qué proyectos estás trabajando actualmente?

Además de los grupos de los que formo parte (El Naán, Primitive Grooves, Leo Cuarteto, Modulando Big Band, Castijazz, Los otros abades o el Trío Carabalí), ahora vamos a grabar un disco con un grupo burgalés junto al productor de Jorge Drexler. Y el proyecto más reciente es Aguaproyect, liderado por María Alba, que se centra en el repertorio castellano y de América Latina, conectando los ritmos castellanos con los afroargentinos, afroperuanos, afrocolombianos y afrovenezolanos. El proyecto surgió el año pasado de una investigación rítmica que María y yo realizamos en el norte de argentina durante 3 meses.

Aguaproyect trata de la herencia compartida: hablamos el mismo idioma, y los lenguajes (su melodía vocal) son los que marcan las rítmicas. Los instrumentos han nacido a imitación de la voz. En conclusión: somos apasionados de lo que es el ser humano en el siglo XXI, que es pura mezcla. Somos hijos de la mezcla.

Por San Antolín, Aguaproyect tocará el 6 de septiembre a las 20:30 h. en la Plaza Mayor.

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